Posteado por: marcelocassani | 26 de noviembre de 2019

El papel del aire comprimido en la industria alimenticia

El aire que respiramos contiene millones de partículas inertes, pero también tiene partículas nocivas y al comprimirlo su concentración debe ser evaluada muy cuidadosamente.
Por cada metro cubico existen de 5 a 25 gramos de agua, de 1 a 5 microgramos de aceite y cientos de bacterias. En el aire comprimido, las posibilidades de contaminación se multiplican debido a las partículas de la tubería, virutas, recortes de tubo, cinta de sellado, partículas de filtro de carbón y otros elementos externos que influyen en la pureza del aire comprimido. Muchas veces puede condensarse agua o aceite líquido en un aerosol o vapor y puede ser otra importante fuente de contaminación.

Las partículas, la condensación, el aceite y el vapor de aceite se convierten en peligrosos contaminantes cuando entran en la corriente de aire comprimido y pueden provocar una detención de los sistemas productivos con el consiguiente coste económico. Este aspecto ha empujado a ISO a emitir la norma 8573-1 con las clases de pureza de los contaminantes existentes en el aire comprimido.
En forma similar la Asociación Británica de Aire Comprimido (BCAS) emitió un código de buenas prácticas enfocada en la industria alimenticia. Este código ha incorporado secciones de la norma ISO 8573-1 2010 y los clasifica en dos tipos, según si el aire comprimido entra en contacto de manera directa o indirecta con el producto. Si entra directamente en contacto, la pureza recomendada según la norma ISO8573-1 tiene una clase 2:2:1 y para el contacto indirecto se recomienda la clase 2:4:2. Según estas especificaciones, las instalaciones de aire comprimido se deben verificar mínimo dos veces al año.

Evaluando riesgos
En la sala de máquinas se debe analizar el sistema de compresión, los filtros, la cañería de distribución, las uniones y los materiales de construcción. Cada material tiene un riesgo distinto. Por ejemplo, el nylon, poliéster, acero inoxidable, cobre, aluminio o hierro negro, están basados en el conteo de partículas. El riesgo también está en las soldaduras, cintas teflonadas, masillas o la compresión de acero inoxidable.

Hay dos formas de monitorear la calidad del aire comprimido. La más costosa, pero también la más completa, es testear todos los puntos críticos donde se utiliza el aire comprimido. Otra forma es testear la calidad en puntos aleatorios de la instalación. Esta es más económica pero menos eficaz, ya que la contaminación puede estar en puntos que no se han testado adecuadamente.

Con esta técnica se deben elegir cuidadosamente las zonas a testar teniendo en cuenta tomar tres muestras, una cerca del compresor, otra a mitad del sistema y otra en un punto alejado del sistema de purificación. También se debe muestrear antes y después de cambiar un filtro para asegurarnos que funciona correctamente. Se deben considerar controles adicionales si las técnicas anteriores son inadecuadas.

Por ejemplo, si no se dispone de un secador, habría que ponerlo, si hay un secador frigorífico y se encuentra agua quizá puede estar subdimensionado y hay que sustituirlo por otro sistema de secado. Es indispensable que los sistemas más básicos funcionen perfectamente. En la industria alimenticia y de bebidas se recomienda revisar los sistemas dos veces al año. Los sistemas de aire comprimido cambian constantemente y son muy dinámicos, por lo que es imprescindible cumplir con estas revisiones. Estos son los pasos que hay que seguir para la evaluación de los riesgos de contaminación con aire comprimido:

– Identificar los posibles peligros
– Evaluar el riesgo de daño
– Evaluar las medidas de control existentes
– Evaluar si es necesario controles adicionales
– Programar revisiones periódicas para comprobar el funcionamiento

Si usted se encuentra en alguna de las situaciones anteriormente descriptas contácteme, podemos ayudarlo con una auditoria de calidad de aire comprimido o realizando al ingeniería para montar equipos como medidores de aceite residual según la norma ISO 8573, contador de partículas y un transductor de punto de rocío.

Hasta la próxima,

Marcelo Cassani


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